Aquella carretera parecía no acabar nunca. Pese a la poca iluminación, de cerca podía ver los brillos del coche nuevo de Yva. Por fin giramos a la derecha y ante mí se alzaba aquel chalet independiente, típico de las familias de clase media-alta de principios de los 80. Varias plantas y un caminito que cruza un jardín en cuesta para dar paso a una terraza-mirador donde recibir a las visitas. Mientras avanzaba por aquel sendero de piedras planas, me recorría por el estomago el gusanillo de lo desconocido. No conocía a nadie, pero en parte sabía lo que me iba a encontrar. A lo lejos se vislumbraban siluetas en las se que podía reconocer a Elvis Costello, Jay Kay y al cantante de The Strokes entre otros. Aumenta mi nerviosismo. Conforme nos acercábamos, las siluetas van cobrando forma y transformándose, poco a poco, en gente con ganas de parecerse a ellos. Hola, hola. Agarro un vaso y pienso en que hacer con mi otra mano. Me enciendo un cigarro. Click, pfffffffff. Vale, ya estoy aqui y debo acabar con mi fama de insociable. No puedo. Me bebo el vaso de un trago. Me pongo otro. Me enciendo otro cigarro. Click, pffffffff. A mi alrededor todo el mundo se conoce y habla tranquilamente de sus cosas comunes. Saco el móvil y miro la hora. Las 23:30. Oriento la oreja y alcanzo a oir la conversación del grupo de mi derecha. Hablan, desde una brecha quántica y con el forzado acento de Boris, de lo buenos que son los anuncios de la ONCE, y en concreto, el que dice "Soy un ex-empleado, un ex-estresado, una ex-paranoica, etc" mientras suenan las notas de The Big Lebowski. Me recorre una arcada con la que lucho para que no acabe en vomito. Lo gay esta de moda, así como tener una banda o ser diseñador efímero. Me he vuelto a beber el contenido del vaso. Vuelvo a llenarlo, esta vez, con más dificultades. Apago el cigarro con cierto mal sabor de boca. Dos cigarros en 15 minutos secarían la boca al mismo hombre de hielo. Ami se adentra en la maraña para interceptar un sándwich vegetal. Puag, lleva tomate. Odio el tomate. Nos miramos y notamos el paréntesis entre nosotros y el resto de invitados al cumpleaños. Nosotros no levitamos, ni vemos oro donde solo hay niquel. Busco el vaso de plástico con mi nombre y me pongo otro poco de sangría. Esta vez ya me mojo la mano con el cucharón sopero. "Yo no me voy a ir muy tarde", dejo caer a Ami. "La verdad es que yo también estoy un poco cansada". Vamos bien. ¿Le damos los regalos?. Me parece bien. Un servicio de Plato hondo, plato plano y plato de café de Zara Home, un mantel, que también sirve para enrollar sushi, y un jarrón con almendras pintadas de dorado a medio secar. Alegría, caras de sorpresa y un 'Anda, con la falta que me hace...', seguido de 'No teníais que haberos molestado'. Me siento como si regalará un cogín de IKEA al diseñador de BO Concept. De pronto aparece en escena una chica con el pase VIP de Dralion [el nuevo nombre del mismo espectáculo de El Circo del Sol] colgado al cuello. Si quería que viera el pase, ya lo he hecho. Me pregunto si ha conducido 40 km con él o estratégicamente se lo ha puesto en la entrada. Lo enseña a las masas y sonríe. "Es que vengo directamente", se explica. Muak, muak, yo me largo.
p s i c o t i k b l o g . h e l l b o y